Todavía recuerdo cuando, a finales de los ochenta, un compañero de clase me hablaba de una edición muy especial del clásico videojuego Titanic, denominada Rex, y que incluía de extra un letal tiburón que si te mataba borraba completamente el juego. Por aquel entonces estaba enamorado de aquel título y me horrorizaba la idea de meter la pata y acabar con aquella experiencia para siempre, pero a medida que pasaban los días más dudas tenía de que realmente existiera dicha versión. ¿Qué desalmado programador sería capaz de crear una obra que se autodestruyera al perder una vida? Menuda trola me soltó el maldito, sin embargo su capacida imaginativa ha terminado por convertirle en un visionario sin saberlo. En pleno apogeo de lo indie, cuando toda idea, por extravagante que sea, parece salir a la luz, hemos comprobado que ya existen los temidos videojuegos que no te permiten ni un fallo. Una vida y despídete de él. Esta permamuerte llevada al extremo resultaba graciosa en el terreno de los navegadores, como You Only Live Once,  en donde podrías recuperar el control del juego borrando las cookies, pero The Flock nos enseñó lo que era el verdadero terror, desactivándose el producto cuando toda la población virtual que sobrevive en él acabe muriendo.

Ahora nos llega otro nuevo desafío en forma de shooter. One Life es un FPS ruso que ya se encuentra en Greenlight y cuya máxima cualidad es la de ofrecernos una sola oportunidad, un solo intento para sobrevivir a este multijugador postapocalíptico que le otorga a cada usuario un poder casi divino sobre la vida de cada participante: una vez que derrotemos a un rival tendremos la capacidad de otorgarle clemencia, humillarle dentro del juego o acabar con su mísera existencia para siempre. También podremos crear equipos, mejorar nuestro inventario y lootear un poco pero qué importa todo eso cuando detrás de cada avatar virtual hay una persona a la que podríamos desconectar permanentemente del juego. No os voy a negar que la experiencia me produce tanto vértigo como emoción pero creo que toca reflexionar sobre esta nueva modalidad hardcore. ¿Es ético ofrecer un producto de diez euros que podría caducar en una hora?. Quizá deberíamos valorarlo como una cerveza muy cara, de insuperable sabor, que terminaremos en unos minutos y que recordaremos su sabor durante mucho tiempo. Desconozco si podremos volver a comprarlo una vez muertos, pero no estaría mal que permitieran dicha posibilidad. Al fin y al cabo, si una atracción nos gusta volvemos a montarnos en ella, ¿no?.

 

Sobre El Autor

Cocreador y exredactor de la revista Fase Extra Magazine. Antiguo administrador del blog Fase Extra. Fotógrafo, editor de vídeo, cortometrajista y buscador pasivo de oro. Disfrutando de los videojuegos desde la época de Amstrad CPC hasta la de Xbox One, y vuelta atrás. Defensor de Alone in the Dark (2008) y otras causas perdidas. Una vez tuve tiempo libre.